Buenos Aires, 07 de julio de 2026 Cada 7 de julio se conmemora el Día internacional de la conservación del suelo, una fecha que busca visibilizar la importancia de uno de los recursos más fundamentales para la vida en la Tierra. En este marco, es importante señalar que la degradación del suelo no puede analizarse de forma aislada: está profundamente vinculada al modelo de producción y consumo de alimentos que predomina en América Latina y en el mundo.

El suelo es mucho más que tierra. Es el sostén de los ecosistemas, el mayor reservorio terrestre de carbono orgánico y el hábitat de millones de organismos que hacen posible la vida vegetal y animal. Según datos de la FAO, más del 33% de los suelos a nivel global presentan algún grado de degradación, producto de la erosión, la deforestación y las prácticas agrícolas intensivas. En América Latina, la situación es especialmente crítica: la expansión de la agricultura industrial —en particular la destinada a la producción de proteína animal y soja para alimentación del ganado— figura entre las principales causas de degradación y pérdida de biodiversidad edáfica en la región.

 

Una mirada interseccional sobre la crisis del suelo

Abordar la conservación del suelo requiere una mirada que integre las distintas dimensiones del problema. La degradación de la tierra no afecta de igual manera a todas las personas ni a todos los seres: son las comunidades rurales, los pueblos originarios y los ecosistemas con menor capacidad de resiliencia quienes cargan con las consecuencias más severas de un modelo productivo que prioriza el rendimiento por sobre la sostenibilidad.

Las decisiones de consumo cotidianas tienen un impacto directo sobre la salud del suelo. La demanda de productos de origen animal a escala industrial es uno de los factores que más presión ejerce sobre los territorios: requiere grandes extensiones para el pastoreo y para el cultivo de alimentos destinados al ganado, genera compactación del suelo, contamina napas freáticas y contribuye a la emisión de gases de efecto invernadero.

«Hablar de la conservación del suelo es hablar también de qué decidimos poner en nuestro plato cada día. No se trata de señalar ni culpabilizar, sino de entender que las elecciones individuales, sumadas a políticas públicas que las acompañen, tienen la capacidad de transformar el sistema. En una región con tanta diversidad y riqueza natural como América Latina, tenemos tanto la urgencia como la responsabilidad de construir alternativas que sean accesibles para todos», señaló Jesica Bon Denis, fundadora y directora ejecutiva de Animal Interseccional.

 

Hacia decisiones cotidianas con impacto colectivo

La invitación en este día es a reflexionar sobre el rol que cada decisión cotidiana tiene en la salud de los suelos y los ecosistemas. Reducir el consumo de productos de origen animal, optar por productos locales y de temporada, y exigir políticas de etiquetado y producción sostenible son pasos concretos que, en conjunto, generan un impacto real sobre los territorios y las comunidades que los habitan.

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Equipo Prensa
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